Historias del periodismo bajo fuego
México, D.F., 29 de mayo de 2009. (Darío Ramírez* / El Universal).- Cada acto de violencia contra la prensa constituye un acto de censura. Cada caso de violencia contra la prensa sin resolver constituye una invitación tácita a futuros perpetradores para engrosar la ya de por sí lacerante impunidad que azota al país. Cada acto de violencia contra la prensa vulnera el estado de derecho.
Cada acto de violencia contra la prensa se traduce en menos información para la sociedad y la aleja de las posibilidades democráticas. A continuación, historias de periodistas:
Eliseo Barrón Hernández
El cuerpo sin vida de Eliseo, reportero del Grupo Multimedios Laguna, fue encontrado el pasado martes en el canal de Tlahualilo, a la altura del ejido Eureka, en Durango. Eliseo cubrió la nota policiaca por más de 11 años hasta que, en presencia de su familia, un grupo armado lo sustrajo de su casa un día antes. Durante los últimos días había estado dando cobertura a supuestos abusos por parte de la Policía Municipal de Torreón, Coahuila.
La noticia sobre la atracción del caso de la PGR poca esperanza nos puede dar. Alrededor de 90% de los casos que investiga la PGR quedan sin resolver. Mientras tanto el temor como paso previo a la autocensura cunde entre los colegas de Eliseo… “se la cumplieron, a todos nos han amenazado pero a él se la cumplieron”. Eliseo deja a una esposa y dos hijas (uno y tres años), quienes están asustadas.
Lydia Cacho
Una vez más la integridad física de Lydia está en riesgo. Desde el pasado 12 de mayo, la periodista y defensora de derechos humanos ha detectado la presencia de una persona sospechosa frente a su domicilio y ha recibido una serie de mensajes en su blog que buscan intimidarla. “Mi estimada lidia cacho preparate que pronto apareceras degollada, tu cabeza tan bonita afuera de tu departamento a ver si eres tan valiente ciao”(sic). A pesar de ser perseguida, secuestrada y torturada, la periodista sigue investigando temas de interés público como corrupción, pornografía infantil y trata de personas.
Alejandro Quintero
Alejandro fue reportero por casi 20 años en Ciudad Juárez y teme por su seguridad y la de su familia. Durante 11 años fue colega de Armando Rodríguez, periodista asesinado el 13 de noviembre del año pasado cuando salía de su domicilio. Alejandro es padre de dos niñas y un niño, decidió dejar el oficio por la inseguridad e incertidumbre. Valora más su vida y la de su familia que la labor de informar a la sociedad. Alejandro pierde su trabajo y la sociedad su posibilidad de saber sobre los peligros de la corrupción.
Estos casos simplemente ejemplifican lo que está viviendo nuestra prensa. La lista es una muestra de los conocidos, pero hay decenas de casos que no conocemos. Estos periodistas y otros necesitan acciones de protección, no palabras de aliento o condolencias.
El silencio gubernamental dice mucho, la inacción dice más. Seguimos esperando acciones concretas. La actual Cámara de Diputados dejó la oportunidad de hacer algo para mejorar la situación. Los medios siguen sin crear la cohesión necesaria para hacerse escuchar como gremio y exigir un alto y acciones efectivas. El Ejecutivo federal sigue manteniendo estructuras ineficaces y procurando el miedo en vez de procurar justicia. A qué democracia podemos aspirar cuando la prensa está siendo silenciada, asesinada, amenazada.
Decir que estamos en un proceso de consolidación de la democracia es irrisorio cuando vemos la corrupción, las mentiras de los partidos políticos que nos inundan y la opacidad de las autoridades. Hay personas que ven el vaso medio lleno, hoy yo lo veo medio vacío.
* Director para México y Centro América de ARTICLE19











